Categorías
Comunidad Herramientas y Consejos Historias de Poder

“No Soy tu Papi” – Lo que Carlos Castaneda me dijo

Era un domingo por la mañana en el invierno de 1996. El sol brillaba a través de los altos ventanales del auditorio trayendo calidez al ambiente. Resaltaban las paredes blancas y la alfombra verde como si hubieran sido renovadas durante el fin de semana. A mi alrededor, los participantes del seminario sonreían, con ojos resplandecientes y hombros relajados, y sentía que tenía más aire disponible para respirar.

Volé de Los Ángeles a Oakland con Carlos Castaneda y sus alumnas para guiar un taller sobre la Vitalidad y la Redistribución de Energía. El taller, en el colegio “Holy Names,” comenzó el viernes por la noche con una conferencia de dos horas. En ella Castaneda compartió historias de su aprendizaje con don Juan Matus, líder de un linaje de chamanes del México antiguo. Enfatizó la práctica de los movimientos no solo para aumentar la fuerza y la resistencia y mejorar el estado de alerta y la sensación general de bienestar, sino también para despertar un sentido de propósito en la vida. Presentó el camino del guerrero como una colección de creencias y comportamientos para ayudar a las personas a alcanzar estados de autoridad interior y libertad.

“Es tu derecho de nacimiento”, dijo desde el escenario, mirando directamente a los ojos de los participantes en la primera fila. Caminaba elegantemente con su traje marrón oscuro y sus zapatos negros. Se refería a construir la autoridad interna para ejercer la libertad de elección. Discernir lo que es bueno para nuestra vida y elegir lo que vale la pena, caminos con corazón.

Carlos Castaneda dirigía una empresa para promocionar su obra: Me contrataron para capacitarme apenas unos meses antes. Seguí un riguroso entrenamiento físico que incluía un cambio completo de dieta (sin azúcar, ni siquiera una manzana, sin sal, sin harinas, no caffeína o estimulantes y solo comidas caseras), larga horas de prácticas diarias de movimiento, y un completo cambio de actitud ante la vida. Trabajaba durante el día y, en las noches, asistía la escuela pública para aprender inglés.

No estaba en mis planes unirme a su empresa ni mudarme a los Estados Unidos. Vine de Argentina para asistir a uno de sus talleres, en mis vacaciones de trabajo de dos semanas. Viajé con amigos y nunca pensé en quedarme. No tenía el dinero, el talento o la valentía de verlo como una posibilidad. Tenía pensamientos negativos hacia mí misma: crecí escuchando “Cállate la boca, vos sos mujer y no sabes nada.” Uno de mis hermanos me lo repetía a diario y su voz resonaba en mi cabeza a través de los años. Había internalizado esa voz como propia sin cuestionarla.

Hasta que en mi primer taller en Los Ángeles, en la cafetería de la escuela en Culver City, experimenté algo distinto: como si el ruido que esa voz producía de repente se acalló. Como cuando desconectas la refrigeradora y te das cuenta del ruido que hace, y en su lugar sentís un silencio abrazante. Mi barriga esta relajada y por primera vez dí mi peso al suelo, como si finalmente hubiera aterrizado en la tierra. Las fuerzas de la gravedad me reconocían y apoyaban, sentía alegría hasta en los huesos. A pesar de no saber inglés y escuchar la traducción de lo que se decía en el escenario, sentía que entendía más allá de las palabras.

Todo a mi alrededor parecía darme la bienvenida: en la entrada los organizadores me saludaban como si me conocieran, las tres mujeres en los escenarios me sonreían cuando yo pasaba caminando, una persona me regaló su colchoneta para sentarme y me abrazaba al grupo de latinos con los cuales conversaba en los breaks. Era estar en sincronía con la vida: los pases energéticos practicados en unísono creaban el sentimiento de camaradería, como cuando iba a los recitales de rock y todos cantábamos la misma canción porque sabíamos la letra desde el corazón. Ese sentido de unidad y de que todo es posible que me hizo sentir libre y de que yo si pertenecía.

El movimiento me había traído de nuevo a la vida. Fue el deporte lo que me devolvió la vida cuando enfermé de fiebre reumática a los 8 años. Piel y huesos, paralizada en la cama y maltratada por familiares, fue unirme a una clase de natación y sentirme sostenida por el agua cálida lo que me hizo sentir el querer estar viva. Me dolían los músculos porque mi pecho se estaba expandiendo, pero mis ojos podían mirar alto al caminar. Al jugar en un equipo de vóley, experimenté el trabajar con otros por un mismo objetivo, el pertenecer, lo que no sentía en mi hogar. El experimentar ese sentido de conexión con otros que tanto ansiaba ayudó a que tome la decisión de quedarme en Los Angeles. Dije que sí a la oferta de trabajo de Castaneda: podía estudiar, trabajar en equipo con otras mujeres, y servir un propósito más grande. No me quedé porque quería estar cerca de Castaneda. Me quedé porque era mi chance de reclamar mi conexión con la vida.

Oakland fue mi segundo taller como instructora: había tres escenarios en la sala grande con alrededor de 300 participantes, divididos en tres grupos alrededor de cada escenario. El domingo por la mañana, yo estaba parada en el escenario al lado de la puerta principal, siguiendo una secuencia de movimientos para despertar el cuerpo y estar alerta.

Estar en el escenario y ser parte de este grupo de mujeres guerreras desafiaba todas las creencias preconcebidas de mi familia. Yo estaba rompiendo con el patrón de mi linaje donde las mujeres eran destinadas a ser secretarias y servir en la casa a sus maridos. El estrés creado por querer hacer todo sin equivocarme y el duelo de lo que se quebraba en mi internamente, me hacia poner extra esfuerzo en los movimientos y me jalaba a un límite. Estaba enfrentando a mis enemigos: En la sesión del sábado temprano, un español con acento fuerte y vos grave, agarrándome del brazo con fuerza y con bronca me preguntó: “¿Por qué vos estás ahora en el escenario, si eras una participante hace unos meses atrás?”. Me hizo acordar a mi hermano. Una parte de mí quería desaparecer en la muchedumbre y ser una participante. Después de todo, no me veía tan bien: había subido de peso con la nueva dieta y me sentía hinchada. Me decía a mí misma que no servía, que no iba a poder, y con la misma fuerza, otra voz estaba creciendo y expresando “déjame ser libre.” Luchaba contra el dragón de la negatividad venciendo el achicamiento, con cada respiración y movimiento.

Castaneda decidió cambiar la última sesión del seminario de preguntas y respuestas por otra sesión de movimientos y se subió en el escenario donde yo estaba parada para explicar los detalles. En jeans, con una camisa de color crema y unas zapatillas New Balance de color blancas, se movía con ligereza y flexibilidad como si las tensiones no llegaran a tocar su cuerpo. Tenía su mano izquierda en el bolsillo, y con la derecha mostraba los movimientos. Lo puedo ver tan claro hoy como si el tiempo no hubiera pasado.

De repente, la gran masa de participantes, corrieron hacia el final de la sala donde estábamos. Castaneda hizo una señal a todos para que regresaran y aseguró que saltaría en los otros dos escenarios, pero nadie escuchó. Entonces pasó al segundo escenario y explico los mismos detalles: mantener los pulgares cerca de los dedos índices con la palma de la mano plana, y mientras haces círculos, mantener los ojos al nivel del horizonte. La gran masa lo siguió, dejando el previo escenario vacío. Con una sonrisa tensa, aclaró a todos que no tenían que seguirlo: la magia la encontrarían en lo que descubren cuando practican los movimientos. Incluso desafió a los participantes:

“Aquellos de ustedes que ya escucharon lo que dije, quédense aquí y practiquen los movimientos: voy a saltar al tercer escenario, no es necesario que me sigan.” Pero la mayoría de las personas lo siguieron, como encegadas, con una euforia casi histérica.

En el tercer escenario, su sonrisa se opacó y su voz sonó metálica:

“Por favor, no quiero seguidores, yo no soy su papito…”, repetía varias veces, como buscando una salida a los sentimientos apunto de eruptar desde su vientre. No recuerdo sus palabras exactas pero dijo algo como esto:

“Vayan a sus casas y recapitulen lo que han aprendido. Reúnase con otros y practiquen. Así es como pueden acercarse a mí, practicando y reuniendo energía para cambiar sus vidas”.

Esa misma tarde volamos de vuelta a los Ángeles. Castaneda iba sentado en frente mío, en clase turista, y en completo silencio. Al siguiente día me llamó cancelando nuestra práctica diaria: Explicó que se había enfermado y necesitaba descansar. La imagen siniestra de los participantes siguiéndolo de escenario a escenario lo perseguía. Dijo que no habían entendido lo que estaba tratando de hacer. Odiaba la atención personal, ser puesto en un pedestal y tratado como una celebridad. Desde que escribió las Enseñanzas de don Juan, había pasado mucho tiempo en el anonimato. Al final de la llamada telefónica, cambió de opinión: “Ven, trabajemos en el jardín y podemos los árboles, eso puede ayudar a despejar la sombra.” Castaneda no volvió a viajar y este seminario fue una de sus últimas apariciones públicas.

Recapitulando ese domingo a la tarde en Oakland, la que soy hoy después de casi 30 años de subirme a escenarios y de dar prioridad al mensaje de lo que se expresa, de saber que el mensajero no es esencial, hoy que puedo hablar inglés y que puedo reconocer mi verdadera voz, hoy les diría a los participantes: “Cierren sus ojos, llamen a su autoridad interna, no pierdan su integridad, sigan a la autoridad que reina en su corazón, y sigan su propia voz.”

Categorías
Comunidad Eventos Herramientas y Consejos Historias de Poder

¡Experimentando la Libertad en México!

Estoy de pie con las maletas llenas, mirando el océano azul turquesa y deseando que este momento dure para siempre. Dentro de unas horas regresaré a Los Ángeles, pero no quiero regresar. Quiero estar suspendida en la intersubjetividad creada por nuestro grupo aquí en la sagrada tierra Maya, un lugar donde el tiempo se curva en los espacios entrelazados del mito y la historia.

Nuestro viaje a México no fue un tour; fue una aventura transformadora que está reclamando fuertemente su espacio en cada célula de mi cuerpo. Me enamoré de cada participante, cada héroe de este viaje de siete días, donde aprendimos a trascender las ilusiones de la certeza y a escuchar la sabiduría de los ancestros, a los pájaros en la selva, a lo mejor de nuestros corazones, anhelando la autenticidad.

Las lágrimas que derramamos en nuestras despedidas lavaron el último trozo de nubes en nuestros ojos. Hoy nos enfrentamos al cielo despejado, inhalando la energía del sol en el interior, sabiendo quiénes somos. Somos los mayas, somos los naguales, somos el sueño de la serpiente emplumada, viajando a través de experiencias, reconociéndonos y recordándonos a nosotros mismos.

Orión todavía brilla sobre mi cabeza, las pleiades justo detrás de mí.

En este viaje, abracé todo mi ser, aceptando mis deficiencias como acepté las curvas en los bordes de la pirámide del mago, riéndome de algunos pensamientos irracionales que proyectaban en mi cabeza todo lo malo lo que podría suceder y experimentando la vida tal como es: cruda, pura, corazón abierto, increíble.

Mis lágrimas al final fueron al darme cuenta de lo bien que salió todo, de lo bendecida que estaba de estar con seres vibrantes que brillan inocencia y sabiduría. Actualicé viejas interpretaciones acerca de la dureza y el sufrimiento en la vida. No se necesita ninguno de ellos para vivir en este nuevo tiempo, el 2020, un año para saltar surcos.

Gracias a todos ustedes, amigos y familia real, por estos momentos, que quedan sellados por siempre en mi corazón.

Aerin

Categorías
Herramientas y Consejos Historias de Poder

Buscar la Libertad es la Única Fuerza Impulsora que Conozco

Una de las principales premisas del Camino del Guerrero que aprendí de Carlos Castaneda fue la Libertad. Definió la libertad como la posibilidad de percibir no solo el mundo que se da por sentado, sino también de experimentar todo lo demás que es humanamente posible lograr.

Cuando Miles y yo conocimos a Castaneda hace veinticinco años, queríamos ser libres. Pero realmente no sabíamos de qué queríamos liberarnos. La búsqueda de la libertad para percibir y experimentar sin limitaciones nos llevó a un largo viaje de descubrimientos internos y cambios de vida. Nos preguntamos, ¿qué es la libertad? ¿Cómo se ve en la vida diaria? Las respuestas son complejas, multifacéticas y en constante evolución.

Castaneda escribió:

“Buscar la libertad es la única fuerza impulsora que conozco. Libertad para volar hacia ese infinito. Libertad para disolverse; despegar; ser como la llama de una vela, que a pesar de estar contra la luz de mil millones de estrellas, permanece intacta, porque nunca pretendió ser más de lo que es: una mera vela ”.

Como ejemplo, reflexionemos sobre la libertad en el contexto de la identidad de género. Nuestra identidad de género se nos da al nacer, de acuerdo con nuestra anatomía externa. Desde el primer día estamos condicionados y moldeados según los parámetros que nuestra socialización asigna a esa identidad de género: quiénes podemos ser, cómo comportarnos, nuestros pensamientos, sentimientos, capacidad para expresarnos, cómo vestirnos, qué trabajos tener, como amar. Cada uno de nosotros fue y es afectado por el condicionamiento social en un grado diferente quizás, pero el condicionamiento es omnipresente.

Desde muy joven me enseñaron a ayudar a mi madre con las tareas del hogar que incluían hacer las camas de mi hermano mientras jugaban afuera. Yo también quería jugar al fútbol al aire libre, pero no era correcto que una niña se ensuciara los zapatos y se lastimara las piernas. En la cena familiar también quise expresar mis pensamientos como lo hicieron los niños, pero me hicieron callar. Estaba condicionada a creer que los hombres eran más importantes y que cuando los hombres hablan, las mujeres los escuchan con atención y no al revés.

Es ese tipo de condicionamiento el que interfiere con nuestra libertad, aunque las circunstancias pueden ser diferentes para cada individuo.

Por ejemplo, una mujer puede estar condicionada a trabajar duro para alcanzar una carrera de alto perfil, mientras que en realidad tiene un deseo profundo y oculto de ser madre y ama de casa. En muchas culturas, a las mujeres sin carrera profesional se les da muy poco valor. Y en otras culturas, a las mujeres sin marido se les da poco valor.

Un hombre puede embarcarse en la búsqueda de ser un exitoso abogado de alto perfil, mientras que su verdadero deseo es ser artista o músico. Estaba condicionada a creer que el arte no traerá éxito. A veces, nuestro condicionamiento social es tan fuerte que no sabemos hacernos las preguntas que nos permiten perseguir nuestros verdaderos intereses y pasiones, al tiempo que nos permiten luchar por la realización de nuestro verdadero potencial y vivir una vida de satisfacción y alegría.

Rara vez tenemos el espacio interno para preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero? Para que estoy aqui Preguntar sin sentir las prisas por complacer las exigencias de nuestro entorno o lo que nos había impuesto. ¿Ya has descubierto tu verdadero yo? ¿Ha preguntado qué desea, resultados son sus pasiones y sus sueños? O, como diría Carlos Castaneda: “¿Vas por un camino que tiene corazón?. ¿Está trabajando para liberarse del enredo de las expectativas de los demás y las ideas de lo que es apropiado y aceptable?

Reconozcamos, en el contexto de nuestra identidad de género, que la biología de hombres y mujeres es diferente. Tenemos el MISMO VALOR, y debemos tener los MISMOS DERECHOS de ser nosotros mismos, las mismas oportunidades de estudiar, de tener carreras, de cumplir nuestros sueños como individuos, más allá del género. Ser tratados con justicia y respeto por nuestra sociedad. Sin embargo, nuestros cerebros funcionan de manera diferente y, a menudo, nuestros deseos y formas de realización son diferentes.

Al elegir seguir lo que está realmente oculto en nuestro interior, nuestro deseo del corazón es un proceso de descubrimiento y coraje. Es el viaje del héroe, el guerrero que quiere romper el dominio del condicionamiento y las reglas implantadas en nuestro cerebro, romper el piloto automático latente de hábitos y repeticiones, y estar vivo, ser auténtico y leal a el propósito de nuestras almas.

La libertad es elegir ser TÚ como el ser único que eres, incluso si las personas a tu alrededor desaprueban tus elecciones; se trata de perseguir tus sueños, a pesar de los obstáculos. Significa aceptar quién eres realmente, no esconderlo, fingirlo o avergonzarte por ello. La libertad tiene un precio: deberás asumir la responsabilidad de las decisiones que tomes, mantener el enfoque y mantener tu propósito sin darte por vencido.

Sí, a veces es difícil en nuestras vidas cambiar de rumbo y perseguir nuestros verdaderos deseos, pero es una tarea que vale la pena. Te invitamos a considerar estas tres preguntas abiertas:

  • ¿Alguna vez cambiaste conscientemente el curso de tu vida porque escuchaste a tu verdadero yo?
  • ¿Qué obstáculos encontraste en el camino?
  • ¿Este viaje enriqueció tu vida?

Comparte tu historia si puedes. ¡Gracias!

Sinceramente,

Aerin

Categorías
Herramientas y Consejos Historias de Poder

Lo que me Enseñó mi Maestro Carlos Castaneda Sobre la Muerte

Mis amigos Tom y Susanne de Hawai me enviaron un mensaje de texto el sábado pasado:

“Durante unos quince minutos estuvimos preparándonos para morir. Y fue real. Y estábamos tranquilos. ¡Qué regalo! Lamento que no estuvieras aquí para disfrutar de la diversión “.

Sonreí y exhalé. Había llegado a Los Ángeles unos días antes después de pasar dos semanas con ellos en Hawai. Estaban bien. No estaban siendo sarcásticos. Ambos son terapeutas altamente educados que se jubilaron y ahora viven en la gran isla de Hawaii. Son encantadores, inteligentes y atrevidos. Para ellos, un encuentro con la Muerte, como lo experimentaron cuando sonó la alerta de amenaza de misiles en sus teléfonos, fue un regalo.

Carlos Castaneda me dijo que la muerte está en todas partes: al atardecer, al final del día, allí cuando cae un pétalo de rosa, al final de la página que estás leyendo, al final de la respiración que estás tomando. Pensar en la muerte nos catapulta a nuevas reflexiones, a una profunda gratitud por el simple pero poderoso acto de estar vivo. Es, según Castaneda, lo que da ventaja a los guerreros.

Las enseñanzas de Castaneda sobre la muerte fueron una de las principales razones por las que dejé mi trabajo, mi novio, mi tribu y mi vida en Buenos Aires y me mudé a Los Ángeles hace 23 años. Leí sus libros cuando era adolescente y tuve la oportunidad de conocerlo y trabajar con él. Su maestro, Don Juan Matus era un yaqui de Sonora, México y líder de un linaje de videntes. Don Juan le pasó sus conocimientos a Castaneda, y él me los pasó a mí.

A lo largo de los años de mi aprendizaje con Castaneda, habló a menudo sobre la muerte. Decía que la muerte es un recordatorio para estar alerta, un punto de referencia para comportarse con amabilidad, un impulso para establecer prioridades, una inspiración para el cambio o para deshacerse de la mezquindad de las preocupaciones diarias.

A menudo me encontraba atrapada en pensamientos contraproducentes, preocupándome por los pequeños detalles de la vida diaria, como estresarme por mis papeles escolares, mi desempeño en el trabajo y lo que otros pensarían de mí o las 15 libras adicionales que no podía deshacerme. Él observó mi confusión y me preguntó:

“Dado que lo peor que te puede pasar ya está sucediendo, algún día vas a morir, entonces, ¿qué importancia tiene realmente tu confusión interna? De verdad, piénsalo “.

La presencia de la muerte y el hecho de que no sabía cuándo ni cómo moriría me ayudó a deshacerme de mis preocupaciones personales y a aportar claridad, determinación y un sentido de propósito a mis acciones.

“¿Qué tenemos realmente, excepto la vida y nuestra propia muerte? Lo que hay que hacer cuando estás impaciente, me dijo don Juan, es girar a tu izquierda y pedir consejo a tu muerte. Se pierde una cantidad inmensa de mezquindad si tu muerte te hace un gesto, o si la vislumbras, o si simplemente tienes la sensación de que está ahí mirándote “.

Una vez, durante uno de mis primeros almuerzos con Castañeda y sus colegas en un restaurante de Santa Mónica, me preguntó: “¿En qué crees que vale la pena pensar?”

“La muerte”, dije. No estaba tratando de complacerlo o de salirme con una respuesta fácil. Había experimentado la muerte como la pérdida de seres queridos, como un final definitivo que me había dejado un vacío y una tristeza sin resolver, una angustia difícil de despegar. Evité reflexionar o incluso pensar en la muerte y, sin embargo, ahí estaba, sentada junto a Castaneda en mi búsqueda para aprender más sobre la muerte.

Una serie de recuerdos llegaron a mi primer plano cuando dirigió toda su atención hacia mí, curioso por saber más al respecto.

Compartí con él algunos encuentros con la muerte que aún estaban presentes en mi cuerpo. La primera vez que me encontré con la muerte, tenía ocho años y me enfermé de fiebre reumática. Pasé un año postrada en cama con mucha fiebre. En un caso, tuve una experiencia “fuera del cuerpo” en la que me vi literalmente separada de mi cuerpo, por encima de la cama, mirándome ahí.

La segunda experiencia que tuve con la muerte fue cuando tenía 14 años. Encontré cadáveres flotando en el Río de la Plata en Buenos Aires, durante la dictadura militar que torturó y asesinó a miles de personas inocentes.

Luego, cuando tenía 17 años, me iba de la ciudad con mis amigos para pasar las vacaciones en la playa. Su coche era algo pequeño para seis personas y yo no encajaba. Mi madre no me dejó conducir con ellos y tuve que conducir con mi tía y mi prima. En la autopista, de camino a la playa, el auto de mis amigos chocó contra un camión y los cinco murieron instantáneamente.

Un par de años después de ese incidente, me caí al piso de una discoteca mientras bailaba borracha y tuve una convulsión. Mi corazón literalmente dejó de latir por unos segundos y me corté la cabeza severamente.

Después de ese incidente, me tomó unos años volver a mi cuerpo. Lentamente cambié mi vida por completo. Empecé a comer sano, cambié de trabajo, cambié de amigos. Empecé a mostrar interés en las modalidades de sanación, en el crecimiento interior y en la espiritualidad. Todo me llevó a conocer a Castaneda en 1995.

“La muerte te ha tocado y te has estado dando una segunda oportunidad”, me dijo ese día en el restaurante. “Nuestro encuentro con la muerte es inevitable; Pasará. La pregunta es para ti, que es la pregunta de todos nosotros, ¿cómo irás al encuentro? ¿Cómo vas a usar tu tiempo? “

Categorías
Herramientas y Consejos Historias de Poder

Lo que Carlos Castaneda me Enseñó Acerca del Camino del Guerrero

Mientras estaba en  Todai-ji, el templo de la ciudad de Nara, me quedé hipnotizada al contemplar el Buda más grande jamás construido en bronce, cuando el concepto del “Camino del Guerrero” sacudió mi memoria.

El Camino del Guerrero fue el marco que utilizó Carlos Castaneda para describir vivir la vida con impecabilidad y propósito. Consiste en una serie de premisas y comportamientos para tener dirección en la vida, como experimentar relaciones significativas y actuar con intenciones claras.

Sentido, propósito y dirección era lo que le faltaba a mi vida cuando conocí a Castaneda. Era 1995 y había decidido mudarme de Argentina a Estados Unidos para estudiar esta forma de ser, que se convirtió en parte integral de mi vida.

Las premisas del Camino del Guerrero incluyen el uso impecable de la atención para realzar la propia vida, y comportamientos específicos para vivir la vida con vitalidad y atrevimiento, como ejercicios regulares, prácticas para mejorar la capacidad de concentración y reorientación de pensamientos, cultivar el silencio interior, usar la comida para desarrollar la percepción y la salud de uno, trabajar con intención y agudizar el cuerpo físico como perceptor.

El recuerdo de mis primeros años bajo el riguroso entrenamiento físico de Castaneda fluyó por mi cuerpo mientras miraba al Buda.

Había llegado a Tokio tres días antes con mi hijo de diez años, para unirme a un par de amigos y un guía para hacer un viaje “místico” visitando grandes templos en las principales ciudades de Japón. Tomamos un tren de Kioto a Nara para visitar el Gran Salón del Buda, que es la estructura de madera más grande del mundo construida para proteger a este Buda.

Me sentí mareada por el desfase horario y las largas horas que pasamos en los trenes de Tokio al Monte Fuji a Kioto. No obstante, una sensación de asombro estaba creciendo en mí. Los trenes estaban abarrotados y, a veces, esperábamos en largas filas. Finalmente, se movieron más rápido, manteniendo un estado de ánimo de respeto y reconocimiento por el otro.

Todo el transporte llegó a tiempo y, a diferencia de muchas ciudades con grandes volúmenes de turismo, no se veía basura en ninguna parte. Las calles de Kioto estaban “vestidas” por los cerezos en flor, con un olor dulce, como el primer sorbo de helado. Exudaban un color blanco rosado que parecía bondad. Japón, en mi primera impresión, irradiaba vida, propósito y un estado de ánimo de reverencia que nutría mi alma. Resonaba en mí como el estado de ánimo de un guerrero.

Después de alimentar a los ciervos que deambulaban por los terrenos de Todai-ji, que son considerados mensajeros de los dioses, pasamos la primera puerta del templo. Como había hecho en los templos anteriores, me lavé las manos y la boca de la rueda del dragón.

Un gran pozo con incienso ardiendo fue el siguiente paso. Sostuve el fuego en la vela blanca y lo coloqué a los pies del Buda en agradecimiento por nuestra comunidad Camino con Corazón. La luz del sol entraba en el templo y la inhalé por la boca, como me enseñó Shanti, mi guía y líder maya.

Cada paso hacia el Buda sirvió para aquietar mis pensamientos y dirigió mi atención a un sentimiento creciente de vulnerabilidad y asombro. Como si cada momento de mi vida hubiera sido construido para que llegara a Todai-ji y experimentara la majestuosidad del guerrero. Las palabras de Castaneda seguían fluyendo frescas en mi mente:

“Un guerrero debe cultivar el sentimiento de que tiene todo lo necesario para el extravagante viaje que es su vida. Lo que cuenta para un guerrero es estar vivo. La vida en sí misma es suficiente, autoexplicativa y completa. Por tanto, se puede decir sin presumir que la experiencia de las vivencias es estar vivo”. – Carlos Castaneda

Estaba viva y consciente. Mi hijo me preguntó si Buda también había sido un niño y qué le sucedió para convertirse en Buda. ¿Qué hizo él? el se preguntó. Intenté decir algo coherente con su edad y nivel de comprensión. Él pudo haber notado mi lucha porque interrumpió mi pensamiento y dijo: “Creo que lo entendí. Buda siguió meditando “.

Caminamos detrás del Buda y encontramos una fila de personas que “intentaban pasar por” un agujero del mismo tamaño que las fosas nasales del Buda. La gente cree que si uno pasa por las fosas nasales del Buda, es bendecido con su aliento. (Ver video)

Salimos del templo llenos de reverencia y agradecimiento.

Castaneda solía contarme sus experiencias con Kowayashi, un mentor japonés que tuvo, antes de conocer a don Juan Matus, su maestro espiritual. Dijo que Kowayashi fue el primero que le enseñó sobre un aspecto específico del camino del Guerrero: Vivir con sencillez. Castaneda era un maestro en eso. A excepción de una silla, un sofá y un televisor, su casa no tenía muebles, ni cuadros en las paredes pálidas, ni espejos, ni decoraciones.

Había espacios amplios y despejados para practicar movimientos y silencio. En su armario, en el que una vez me asomé, tenía 2 pares de jeans, algunas camisetas y 2 trajes a medida. Todos sus gabinetes tenían solo algunos artículos. Había un espacio respirable por todas partes a lo largo de la casa, lleno de propósito y silencio.

La habitación de mi hostal en Kioto tenía dos futones que enrollamos durante el día para poner una mesa pequeña en el tatami para la merienda y el desayuno. La ausencia de objetos y pertenencias materiales es lo que hizo que el espacio guardara una particular calma y paz. Fue un recordatorio de vivir la belleza de la sencillez y el propósito de la fortaleza sabiendo que “la experiencia de las experiencias es estar vivo”.

Una acción que tomé cuando regresé a Los Ángeles fue soltar las pertenencias materiales adicionales. Estoy en este proceso ahora, creando espacios para que el silencio fluya.

Categorías
Herramientas y Consejos Historias de Poder

Lo que Carlos Castaneda me Enseñó Acerca del Tiempo

El Tiempo es como un pensamiento, o un deseo.

El tiempo se mide por la intensidad del momento que estás viviendo.

El tiempo se suspende al experimentar el silencio interior.

El tiempo es una forma de atención.

El tiempo no lo mide el reloj.

El tiempo se dobla cuando prestas atención.

Son las 5 a las 12, me estoy quedando sin tiempo!

Vivo en ningún tiempo. Me enfrento al Tiempo que se avecina.

These are some of the phrases I heard Carlos Castaneda expressed from the moment I met him. He expressed his concerns about time; he re-defined his relationship with time, and hechallenged the idea of time, daily.

Castaneda was on time for each appointment; he didn’t like other people waiting for him. And he was not expecting anyone. Time, how to handle it, how to stretch it, how to experience non-linear time was an intrinsic part of my training with it.

De manera tranquila y sobria, hablaba de su propia muerte como si fuera algo inminente que sucedería en cuestión de días o minutos. Y, sin embargo, actuaba como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Nunca tenía prisa ni prisa, se relajaba a gusto, disfrutaba de sus comidas, no tenía prisa en su estado de ánimo, incluso cuando estaba bajo la presión de las presentaciones de sus libros o la presión de dar una charla en una conferencia a cientos de personas. Se tomó su tiempo para caminar hacia el escenario para expresar sus pensamientos, con las manos en los bolsillos y una expresión abierta de tranquilidad y tranquilidad. Se tomó su tiempo para sentir a la audiencia reír ante sus bromas y comentarios, para responder preguntas, para interactuar cara a cara como si realmente se conectara con la gente.

Cada día de mi entrenamiento con él estuvo lleno de la intensidad de aprender a dejar los hábitos inconscientes y las nuevas formas de comportarse, de ser. Mis días se sentían largos, como alargados por la intención de llegar a la “iluminación” tan pronto como pudiera, antes de que muriera.

En las mañanas temprano iba a la escuela para aprender inglés, luego trabajaba en su empresa, luego me dediqué al entrenamiento físico en su estudio durante otras 3 o 4 horas, el resto de la noche. Pero mis rutinas no estaban reguladas por el tiempo, o mi tiempo no estaba regulado por las rutinas, ni por las manijas de mi reloj, como lo fue mientras vivía en Argentina. Durante mi aprendizaje no tuve rutinas, ya que Castaneda cambiaba de horarios a menudo y aprendí a fluir con los acontecimientos diarios, como si estuviera enfrentando el tiempo que se acercaba.

Como estaba en un nuevo país, aprendiendo un nuevo idioma, comiendo alimentos desconocidos y viviendo con gente que apenas conocía, me sentí como suspendida en el tiempo.

Me di permiso para ‘desaparecer’ por un tiempo del ‘mundo real’, como hacen algunos escritores para escribir una novela, o algunas personas después de retirarse para crecer espiritualmente, y renuncié a mi tiempo para seguir una época diferente.

Experimenté la suspensión del tiempo durante las largas horas de practicar secuencias de movimientos, como las artes marciales, y las largas horas de estar sentada en silencio. Después de superar mi resistencia inicial, tanto físicamente con los músculos temblando y sin aliento, como mentalmente con pensamientos autodestructivos “No puedo hacer esto”, “esto es demasiado tiempo”, “Quiero ir a casa, dormir , comer tacos, etc ”, experimenté estados de éxtasis.

Un torrente de bienestar y vitalidad fluiría por mi cuerpo renovando la alegría de mis articulaciones moviéndose al unísono, la felicidad de mis pulmones expandiéndose por completo, la sangre fresca oxigenada corriendo por todos los vasos sanguíneos y células de mi cuerpo, eliminando desechos, desintoxicando , revitalizando mi derecho a pertenecer aquí, en este planeta en este momento.

Después de largos períodos de ejercicios practicados a cámara lenta, pude experimentar la dulzura de buen gusto de la calma y la seguridad de que me amaban.

Más tarde comencé a experimentar esos estados al podar los árboles y trabajar en el jardín. O al almorzar con amigos, o incluso en el cine. O al despertar a la mañana, consciente de la singularidad del día, agradecidamente consciente, sentado al borde de mi cama, con los ojos cerrados, tomando las primeras inhalaciones del día, sintiendo mi corazón latir, mi piel suave y cálida, algo pájaros cantando a lo lejos, el bocinazo del carro de los vecinos, el periódico tirado en la calle, el olor a tostadas, las risas de los niños que pasan camino al colegio, el chapoteo del agua mi marido en la ducha, mi hijo al tocar el piano el Himno a la Alegría.

La experiencia de la vitalidad despierta sigue fluyendo a través de mí como si mi maestro hubiera creado un vórtice a través del cual todas las experiencias son una y el Tiempo es solo una pequeña parte del flujo constante de vida que sigue sucediendo dentro y fuera de mí.

EL RITUAL DE CARLOS CASTANEDA PARA EL AÑO NUEVO

Aquí está la ceremonia que nos enseñó nuestro maestro Carlos Castaneda:

Comienza durante los últimos días de diciembre y termina después de que el reloj marca la medianoche del 1 de enero. Castaneda nos diría que, a la medianoche, la luz del Espíritu o del Universo viene y “nos mira”, una fuerza que desciende sobre nosotros, forjada por la intención combinada del planeta durante milenios, y este es un momento muy poderoso para estar presente. y consciente — para sentir y familiarizarse.

Hemos estado practicando este ritual sin fallas durante los últimos 23 años y nos ha traído a nosotros, y a innumerables practicantes de todo el mundo, un sentido de dirección, propósito e inspiración para desarrollar nuestras metas e intenciones para el Año Nuevo, así como un sentido. de conexión con los ciclos de la naturaleza y el planeta entero.

Esperamos que los beneficios se extiendan por su vida, sus relaciones, su comunidad y el mundo.

Los pasos son estos:

  • Limpia lo viejo antes del Año Nuevo. Renovar de adentro hacia afuera. A partir del 28 de diciembre, e incluso durante el día 31 de diciembre, despeja espacio en tu hogar. Elimine el desorden, done ropa que ya no esté usando, limpie y organice los gabinetes y cajones, y aspire sus pisos; riegue sus plantas, todo con una sensación de apertura y disposición. El objetivo es limpiar tu hogar, física y también energéticamente, para limpiar tu psique de los pensamientos y sentimientos negativos acumulados durante el año para que puedas estar receptivo a la llegada de lo Nuevo.
    • Deseche las cosas que ya no necesite o que no le traen alegría
    • Escriba todos los pensamientos negativos en una hoja de papel, escribiendo en un flujo y sin volver a leer lo que escribió. Cuando sienta que ha apagado todo, queme el papel y lávese las manos.
    • Practique afirmaciones en voz alta, de aprecio por su vida, por sus pertenencias, por sus amigos y familiares.
  • El 31 de diciembre, antes de la medianoche, atiende tu escritorio o espacio personal. Organice sus libros y papeles, y despeje el espacio para que pueda sentarse cómodamente a escribir una lista de intenciones, afirmaciones, sueños y proyectos que desea manifestar o co-crear en 2019. Siéntese en silencio y llame a la luz del Espíritu, para aclara tu mente y cuerpo y conecta profundamente contigo mismo.
  • A continuación, tome un bolígrafo o lápiz y una hoja de papel y prepárese para ESCUCHAR SU CORAZÓN
    • Recapitula las experiencias más destacadas de tu vida durante el año y aprecia lo que aprendiste en 2018. ¿Qué desafíos experimentaste? ¿Cuál fue el resultado? ¿Qué nuevos amigos hiciste? ¿Qué cosas nuevas aprendiste, por ejemplo, una nueva receta, una nueva habilidad, un nuevo idioma? ¿Y qué te gustaría aprender en 2019? Puede optar por dividir su año en áreas básicas, como familia, trabajo, salud, relaciones y desarrollo personal:
    • ¿Cómo estuvo su salud en 2018 y qué le gustaría intentar para 2019?
    • ¿Qué pasa con tu trabajo? ¿Qué experiencias tuviste? ¿Qué nuevos proyectos tienes en mente para 2019?
    • ¿Y en tu familia y relaciones? ¿Qué nuevas relaciones ha establecido? ¿Qué llegó a su fin? ¿Qué necesita ser sanado?
    • ¿Y tu legado? Escribe un párrafo que describa cuál te gustaría que fuera tu legado para 2019.
    • Y sobre la comunidad más grande del planeta tierra, ¿qué sueños para un mundo mejor le gustaría tener?

Escuche a su corazón y siga con su pluma la sabiduría de su corazón.

  • Alrededor de las 11:30 p.m. (¡es casi medianoche!) Siéntese en silencio con las manos en el corazón y aprecie su vida. Puede poner su atención en los elementos de sus Intenciones de 2019, aquellas cosas que desea experimentar el próximo año. Siéntese con él todo el tiempo que quiera, asegurándose de que para cuando el reloj marque la medianoche lo encuentre involucrado en algún aspecto práctico de sus intenciones (investigar algo, preparar algunos planes iniciales, etc.) y que se sienta conectado con ellos, con su camino de la vida personal, y con el Universo.

A la medianoche, durante los primeros minutos del Año Nuevo, deja que la ola de tus sueños te bañe con un sentimiento de paz, amor y gratitud.